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Testimonios

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Testimonio: El centeno mojado

Mi padre y madre eran personas de oración, y en nuestro hogar, observábamos fielmente el culto familiar. En esos momentos tan importantes, nuestra familia fue instruida en las cosas de Dios y fortalecida en la confianza en él. A menudo estos esfuerzos fueron recompensados cuando veíamos cómo Dios contestaba las oraciones de día en día.
Cierta mañana del año 1850, después de celebrar el culto familiar, mi padre cargó la carreta de varios sacos de centeno para llevarlos al molino que quedaba a unos cuantos kilómetros de nuestra casa. Para llegar al molino, había que cruzar un puente un tanto peligroso. Era un puente hecho de troncos de árboles.
Al cruzar el puente, de repente los caballos se detuvieron y empezaron a echarse para atrás. Mi padre saltó de la carreta, pero los caballos siguieron hacia atrás, hasta que las ruedas traseras se salieron del puente. El asiento de la carreta se desprendió y junto con los sacos de centeno cayó al río. Justo a tiempo, los caballos se detuvieron, pero ya la carreta quedaba colgando del puente, sostenida solamente por los caballos y las ruedas delanteras.
En eso, llegaron unos hombres y le ayudaron a mi padre. Halaron la carreta y la volvieron a montar en el puente. Luego sacaron el centeno del río y lo echaron de nuevo a la carreta. En cuestión de media hora, mi padre iba de regreso a la casa con el centeno mojado. Tendría que secarlo antes de poder llevarlo al molino.
Nos sentíamos confundidos por lo ocurrido. No nos podíamos imaginar porqué se hubieran detenido los caballos al cruzar el puente. Ellos no mostraron índices de haberse asustado. Nunca antes habían hecho cosa semejante aunque muchas veces habían cruzado el mismo puente. Mi padre sentía preocupación por lo ocurrido. Esa misma mañana, él había orado fervientemente que el ángel del Señor acampara alrededor de su familia. La inconveniencia que sufrió puso a prueba su fe. Aun así, su confianza en Dios no titubeó.
Al llegar él de nuevo a la casa, nos pusimos a vaciar los sacos de centeno sobre una lona para secarlo y prepararlo para el molino. Al vaciarlo en el suelo sobre una lona, empezamos a notar algo raro. Mezclado con el centeno se notaba algo que centellaba, y vimos que había entre el grano pequeños fragmentos de vidrio. Miles de pequeños pedacitos de vidrio mezclados entre el centeno…suficientes para ocasionar la muerte de toda nuestra familia, y quizás de muchos más si se hubiera molido y la harina se hubiese utilizado para hacer pan.
Quedamos asombrados ante esa revelación tan extraña. Con el corazón agradecido, nos arrodillamos y le dimos las gracias a Dios por su maravillosa protección.
Pero, ¿por qué había vidrio mezclado con el centeno? Pronto supimos la razón. El centeno se había guardado en un barril sin tapadera. Sobre ese barril, unos vecinos les daban acabado a sus cabos de hacha, empleando pedazos de vidrio para pulirlos. Esos pedazos de vidrio se iban gastando y los fragmentos caían en el centeno dentro del barril sin que nadie lo notara. Nadie sospechaba el peligro que se había creado, porque si ese centeno se hubiera molido, tal y como se iba a hacer, ningún poder humano habría podido salvar a nuestra familia de una tragedia mortal causada por ese vidrio en polvo. Dios, en su providencial protección, había intervenido y preservado nuestra vida.

Nota misión global : el centeno es una planta parecida al trigo que se usa para harina, pan u otros…

Fuente: Revista Antorcha de la Verdad CR., extraído a su vez de: John Three Sixteen.