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Testimonios

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6. Teto en otro mundo

Sexto episodio: Teto en contacto con dinosaurios
Autor: JD

Siempre oía las historias de Don Domingo: ‘idiay, en ese hueco en el plan, donde hay un hormiguero, una vez se fue un chiquito y nunca apareció. No oye las voces que suenan, dicen que son más, nunca se ha encontrado nada, nadita. Y yo pregunto ¿qué caray será lo hay ahí?’ Pues para Teto si hay una explicación.
“Jd una vez estaba con mucha hambre, busque por aquí y por allá y nada. El viejo había encerrado las emplumadas gallinas, que aunque solo hueso y lombrices, algo me llenaban la panza, pero ahora ya ni eso podía. Entonces me vine para el platanar, aquí en el plancillo donde siembran hortalizas y vi una buena racima de cuadrados. Como pude doblé la mata y me di una comilona de ellos. En eso sentí unos meros retorcicones en la panza que ay mamita, vieras que pasadas. Levanté una de mis patas y ¡pum, pum!, salieron dos bien hedionditos, jejeje, pero no se me quitó el malestar. Como soy muy educado ‘aunque ustedes los humanos no lo crean’ busqué un huequito para dejar salir lo que tenía que salir. Abrí las dos patas, me cuadré y que va, cuando me di cuenta iba junto con mis pelotitas hacia abajo. Lo primero pegué mi cabeza en una confizgada piedra y segundo iba disparado metros y metros hacia abajo. Recuerdo que trataba de arruñar las paredes, pero nada me detenía, era como que algo me jalaba. Al tiempo caí en una poza de agua y aquello estaba oscuro. Con mis patas me impulsé y pude salir a la superficie. ¡uh, uh!, me faltaba el aire y para peores olía requete feo, a puro azufre. ¡Ay mamaleona, seguro que caí donde el mismo pisuica! Moviendo mis manos rápidamente y haciendo nadado de león llegué a un lodazal. Me enganché de un bejuco y pude salir de aquello. Tomé unos minutos para recuperarme en aquella oscuridad y luego empecé a mover mis maltratados músculos. Caminé sigilosamente siguiendo mi instinto, moviendo mi cabeza suavemente y tratando de hacer la menor bulla posible. Así anduve quizás como unos cien metros hasta que vi una lucecita. Me aproximé poco a poco y voy viendo unos hombres grandísimos, peludos que solo se tapaban las bolas. Estaban comiendo y hablaban muy raro porque no entendía nada de lo que decían. Se parecían a los de una revista que tenía el agüelo. Esperé a que se durmieran y me acerque a tomar un poco de carne que estaban asando. Cuando había prensado tamaña tajada con mis dientes, ¡zas!, sentí que algo había caído sobre mis lomos. Un tremendo chiquillo de unos cinco años, se me había montado. ‘ur,ur, ur’ era lo que me decía y me daba con los talones por la panza. Así me lo llevé disparado para una gran abertura que había en esa cueva. El chiquillo me llevaba bien atilintada mi cabellera y yo corría y corría. No podía hacer nada pues no quería soltar mi manjar y con el hambre que me tenía, que iba a soltar la jama. Ese ‘urr,urr’ y las patadas que me daban era lo que me estaba haciendo faltar el aire. Exhausto salí y otro susto, una grandiosa luz iluminaba todo el panorama. Mira, era como una gran estrella que daba luz a todo aquello. Ante mis ojos estaba una belleza poco imaginable. Tanto es así que mi boca se abrió, cayendo el pedazo de carne en mis manos. Volví la cabeza hacia un lado y se divisaba una gran montaña, al centro una planicie y un gran lago donde saltaban peces grandísimos y al otro lado unos animales gigantes, de hasta treinta metros de altura. El carajillo seguía pateándome y le hice un movimiento de cuerpo para que fuera a parar como a tres metros de distancia. No quería ponerle atención, estaba impresionado de la belleza que estaba frente a mí. Ver esos bichos, como lagartos gigantes, terribles, con patas debajo de su enorme cuerpo, con piel dura y escamosa. Unos tenían cuernos, otros garras y pico. Yo vi que algunos comían zacate, pero otros se atacaban entre sí. Si hubiera visto la jupa y los colmillos que a la distancia se le veían. JD, yo se que un elefante puede llegar a pesar 12 toneladas y que una jirafa, la más alta llegó a medir seis metros, o que una ballena azul puede pesar 190 toneladas, pero esos seres eran mucho, muchísimo más grandes. Diga que estaba viendo unos lagartos o cocodrilos enormes. En eso, mi cola fue jalada, el carajillo me hacía señas que jaláramos y de verdad, cuando sentí fue algo que estaba quemando el pelo. Volví a ver y de un gran hueco salía la luz y unas llamaradas espectaculares. Dejé que el chico se montara en mi, me comí el pedazo de carne y lo dejé a la puerta de la caverna. Pienso que en ese sitio estuve como unos diez días. Tuve ganas de quedarme pero me dio miedo. Esos bichos se lo mandaban a uno de un solo bocado. Claro había comida hasta para tirar pa’rriba pero mejor me dije ‘Teto, Tetito, Tetón, busque salida, porque este no es mi mundo’. Si, si yo se que estás pensando como salí, pues bueno, en esos días, me acuerdo que los hombres peludos tenían amarrada una gran gallina, más grande que yo. Pensé en matarla y comérmela pero ella me hizo señas que le quitara unos bejucos de las patas. No se porque lo hice, pero le quité las amarras. Con su cabeza me dijo que la siguiera y llevó a un tipo de pantano donde habían unas lombrices enormes, como culebras. Ahí si me di una gran comilona. Esa vez dormimos como dos días haciendo la digestión. Me desperté con unos bejucos en mi panza y cuello. Según el carajillo tenía una mascota. ‘yo le dije vaya a ver quien …’ y de un colazo lo mande a sentarse. La gallinona puso sus uñotas entre los bejucos y voló, voló a lo alto de un monte, ahí me dejó y moviendo su jupa me señaló un rayito de luz, dos veces meneó su cabeza y salió volando. Pues yo seguí ese rayito, me costó mucho salir, pero a los días fui a parar a una isla cerca de Puntarenas. Jeje otro día le cuento más historias de lo que pasó ahí adentro. Ni se asome a ese hueco, yo sé porque se lo advierto….”

¿Le creemos a Teto? Pues sólo les digo que me enseñó unas garras y unas plumas que acá no pueden haber.