Testimonios
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5. Cuento las aventuras de Teto y su cola quemada
Episodio 5. Teto y su cola quemada
Autor: JD y Teto, T…T….
El amanecer alejaba a las estrellas y la luna, dando paso al astro sol. Una piapia gritaba desde lo alto: ‘ Teto cola negra’ No me había percatado de eso. El animalito quizás avergonzado acomodaba su trasero escondiendo su colita. ‘Teto T…T… cola negra’ Levantó su cabeza y me fijo la mirada. ‘¿qué, qué, qué?’ No, nada, es que estaba oyendo lo que dicen’ ¿y que dicen?’ bueno, tu lo oyes, como de una cola’ yaaa, yaaa párala por fa, yaaaaa’ Está bien, no te enojes, está bien’ le dije conteniendo la risa.
‘¡ah no!, no te rías tampoco’ Bueno, bueno, ya te dije que, nada, nada’ Pero no me quitaba la mirada a ver que hacía yo, si lo volvía a ver o me reía. En eso, una mosca se le posó en su lomo, sacó su cola y ¡zaz! ¡zaz!. Ahora sí pude ver, efectivamente la punta de su cola estaba sin pelo y negra. ‘ah jajajaaa’ya no pude contener. El animalito resentido, humillado y bravucón, se levantó en sus cuatro patitas, alzó su cabeza, me miró con enojo y se preparó a saltar sobre mi. ‘¡eh, eh¡ suave, suave, contrólese papito’ mientras disimuladamente agarraba con mi mano izquierda una rama pequeña de higueroncillo. Él caminó unos pasos y se preparó nuevamente. Otra vez le dije ‘suave papito, tu leñazo te llevas’ ‘eta bien, eta bien’ Movió su cuerpo y se acomodó en un hojarascal. ‘ Esto me pasó con el viejo. Hace unos días se puso a cocinar salchichón en el patio. Olía tan rico, pero tan rico, que todavía me saboreó. El viejo puso unas piedras, unos palos secos, una tapa y sobre ellos la dulzura del salchichón. Yo lo estaba viendo como a unos 15 metros, ahí donde está el portillo que viene al cafetal. ¡Ay! las babas se salían de mi boca, cuando vi un gavilán que bajaba y se llevaba un tuquito de aquello tan rico. ¡ah¡, luego una paloma, un gorrión se llevaban pedacitos. En eso salió el agüelo y repartió piedras a estos intrusos. Me agaché y sólo levantaba mi cabeza. Vi como traía más y más. El olor llegaba y las tripas se me torcían. Caminó el viejo hacia la casa y me apuré a acercarme. El olor me dominaba. Poquito a poco, con cuidado llegué a donde estaba eso que ustedes llaman carne de caballo. Brinqué en un palo que estaba cerca de la carne y empecé a correrla de la tapa con mi mano para que se enfriara. Me comí uno, ¡ay Dios mío que rico! Me tragué otro y así. Esto si es vida pensaba. Bueno era tal el entusiasmo que no me percaté de nada. En eso la carne empezó a oler mal, como a quemada, puro pelo quemado olía ahí. El humo ya salía detrás de mí, pero cómo sólo me faltaba un tuquito por devorar, no hice caso. En eso sentí un calentón en mi trasero que ¡ay, ay, ay! vieras que dolor por todos los santos leones, ¡uuyuyui!, hasta me duele cuando me acuerdo. Toda mi colita estaba en llamas, en las puras llamas. Salté como pude y me tiré de panza al desagüe de la cocina del viejo. Era humo lo que salía. Me revolcaba para un lado y para otro, pero el dolor no se iba. ¡ay mamá, ay mamá! mi bella y corronga colita se había ido para siempre. El agua con barro me ayudó mucho pero cuando la saqué me la vi totalmente negrita, como un tizón. Me volví a zambullir en el lodo y lo que sentí de pronto fue un leñazo en mis muslos. Ágil como somos los hijos de Papileón, de un brinco salté y me escapé de la furia del viejo. Casi, casi me jode el abuelo. Del susto hasta me brinqué una cerca y me refugié en la montañita. Sólo oía los gritos furibundos de Don Domingo pues se le había ido todo el salchichón. Ya en la montaña me retorcía de dolor, oiga que si me dolía que hasta me oriné en mis patas. Ese día me costó llegar a nuestro hogar, caminaba como si hubiera hecho ¡pú pú!, y claro todos se dieron cuenta de lo que me pasó. Si todos esos preguntones y burlistas de los ramiritos y los gueñin se sacaron el clavo conmigo. Iba avergonzado porque ese día la risa abundó en todo el bosque. Como pude tome pedazos de hojas de plátano y me la envolví. Cuando llegué a mi morada, entré calladito, despacio, caminando poquito a poco y me acosté con mi colita escondida. Recuerdo la voz de mamileona ‘Teto, T…T…a comer’ ‘no mami no quiero’ ‘Teto, T…T… venga ya’ ‘ no mami ahora no’. En eso entró mi tata y algo habló con ella. Yo oí unas carcajadas y ahí estaba esa confisgada piapia, que no sé quien la invitó a la fiesta. Véala esta es mi negra colita….. Pero va a ver esa chismosa cuando la agarre y la tenga patas pa’rriba.
[Más o menos esa es la historia. ‘Verdad Teto T…T… ‘ ‘¡ur…urrrr…urr, ma o meno! Pero no se ría porque no cuento má y eso pasó hace mucho tiempo ya’.]