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3.Cuento Las aventuras de Teto: La comunicación (segunda parte)
3. Las aventuras de Teto: La comunicación (segunda parte)
Autor: JD
Episodio n.3: la comunicación (segunda parte)
Remember que me arrancaba los pelos de mi cabeza pensando en ese momento que me había enloquecido: ‘Diosito tu que eres bueno, no permitas que me manden al asilo, a ese lugar de loquitos. Yo todavía estoy polluelito, me faltan años por vivir. Dios hazte un milagrito en esta hora y desaparece ese gato de mi vista’. ‘¿A quiennn, a mi?’ ‘ Ay Diosito lindo, oyes lo mismo que yo, ese peludo me sigue hablando’
‘Noommmbre, no estás más loquito de lo que eras, sólo que ahora me escuchas’.
‘Yaaaaaaaa, no me persiga más’, gritaba yo mientras corría hacia la cocina, tiraba la puerta y a plena luna llena me internaba en el cafetal.
‘Ay mamá, ahora si que patalie con esta vocecilla’.
Dentro de la casa solo se oía a don Domingo espantando animas y espíritus por todo lado. Según él estaba bajando a todos los santos habidos y por haber. En mi carrera solo llegue a entender que le estaba rezando a san palo y nunca me quiso decir después quien era.
Sentado en la raíz de una mata de frondoso café, tiritando de frío y de miedo, observando las estrellas, deseaba que amaneciera rápido. Les digo que si hubiera tenido un cañazo me lo mando de un solo bombazo para que me calmara los nervios. En esa mata me encontré un mecate, el cual me arrollé a la cintura, lo pasé por el tallo y me amarré. ‘Así, si me quieren llevar, que lo hagan con todo y café’.
Yo me tapaba la cara con las dos manos y entre los dedos espiaba a ver que aparecía. ‘Ay diosito, ahí estaba tan campante el leoncillo’.
Con los ojos pelados entre los dedos, observaba como el rufián se acercaba a mi. Tuvo el colmo de llegar a echarse como a un metro de distancia. No hacía ruido alguno, solo me observaba. Movía las orejas, la cabeza para un lado y para otro. El rabo no lo dejaba quedito, lo pegaba contra su trasero y el suelo. Como a la hora oí: ‘aurr, aurr, aurrrr’. Bueno eso me asustaba pero no tanto como que se comunicara en forma verbal. Otro ‘aurrrr, auurrrr’, pero esta vez más fuerte. Entonces tomando fuerzas de no se donde, logré balbucear: ‘jaaaa le, jaaaa le, bibibi choohoo viiiii e jooooo..’. Otro ‘aurrrr, auurrrr’. Entonces pensé que era mejor soltarme el nudo que me había hecho. Era tal amarre que no podía soltarme. Metía la mano por un lado, por el otro y cada vez más enredado. ‘waaa, waaa, ja, waaa, jaja’. Volví a ver y el bicho estaba con los dientes pelados, en una pura risa. ‘Vayaaaa jalaaaaa ndo animal peludo’. Plink, mis ojos casi se desorbitan cuando oigo: ‘eh varón, varon, varón, le ayudo’. ¿queeeeeeé? ¡uy Tatica Dios que hago! El animalito extendió sus manos en el suelo, puso su cabeza sobre ellas y moviendo sus orejillas, exclamó riéndose: ‘verdad que me entiendes’. Con los guachos más abiertos que una piña mal pelada, sin pestañear me animé a responderle: ‘siiisssiiii, oigo’. ‘ji, ji, yo le dije a mi tata un día que yo era especial y que podría comunicarme con los humanos, pero no me creyeron y quedé como un tontito, jiji’ .
‘¿Cómo puede ser esto?’, le repliqué. ‘Yo venía siempre a ver que me le robaba al viejo de la casa. Un día estando cerca de la cocina y a punto de comerme una rica tortilla que él hacía, cayó cerca un rayo. Esa luz que los dioses mandan. Las chispas me quemaron todo el rabo y pasé la noche debajo de la pila todo atontado. En la madrugada como pude me enderecé y volví donde mis padres. A la otra noche volví y entendí la oración que hacía el viejo. Sacudí la cabeza e intenté repetir lo que decía: “cuí da me a la ma rrri qui taaa en mi rrrra marrr”. Luego seguí viniendo y cada vez aprendí más palabras’.
‘Y yooooo, ¿cómoooo es queeee teee entiennnnnnndo?’ El leoncillo volvió a reírse: ‘creeo que fue el mismo confisgao rayoooooo’. (continúa)
narrado hace muchos años, escrito el 22-01-08