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1. Cuento Las aventuras de Teto, tetito, tetón
Cuento: Las aventuras de Teto, tetito, tetón
Autor: J D
Introducción
Dedicado a mi gran amigo el león Teto….t….t…
El león americano es precioso, es uno de los animales más hermosos y vigorosos que la madre natura y las entrañas de nuestras montañas resguardan y mantienen sigilosamente.
Conocí uno y me enamoré de él. De las geniales vivencias que tuvimos, las trasmití por años a los niños y niñas que se deleitaban con las increíbles aventuras de este leoncillo y que hoy adultos nos han pedido que las comparta con más personas. Pues acá les va por hojas y capítulos que sabemos el inicio pero no el final, por cuanto las narraciones salen del recuerdo y la ayuda de los niños de nuestro derredor que nos ayudan a plasmarlas. Sólo acepta que cuando los niños y niñas te digan Teto, tu rápidamente debes decir: tetito, tetón.
Episodio 1. El encuentro
Si mi memoria no me falla, allá por los años 90, caminando un poco distraído en la finca de mi recordado suegro Don Domingo y en un pequeño acantilado observé un gracioso animalito quejándose del dolor de su patita atrapada en un cepo de espinas. Cuando sus lindos ojos café se conectaron con los míos, sentí un extraño calor que recorría mi cuerpo y que marcaría mi relación con los animales salvajes para siempre. Era una de las criaturas más hermosas que había visto y ahí estaba ante mí solicitando ayuda. Si, era pequeño, pero bien estructurado. Un brillo especial de sus ojos me indicaban que no era un ser cualquiera, sino que era un digno hijo de un rey. Sus orejas erguidas, su pequeña cabellera y su piel canela con cola erguida y todo, denotaban su realeza. Y eso que ni les digo de sus amplias manos y dientes.
Poco a poco me acerqué a él y sin temor alguno pasé la mano por su cabeza. Los afilados colmillos del cachorro penetraron mi piel y la sangre brotó. ‘Calma, calma ‘ dije, mientras me apretaba la mano para cerrar el goteo rojo. ‘No te haré daño, calma’. Me acerqué y con la mano izquierda le tome su trompa, mientras la otra acariciaba su lindo pelaje. Luego tomé el cepo de espinas y lo aparté para que la patita atrapada tuviera libertad de movimiento. Saqué el pañuelo de tela y como pude le sequé su herida. Luego puse un poco de barro en su herida. No crean que era fácil, mi mano tenía que seguir en su boca, porque sino me quedaba sin mano. Lo solté y zaaazz corrió a esconderse en una arboleda que cobijaba el riachuelo. Mientras seguía curando mi herida de tamaño mordisco que me habían dado, sentí la mirada del animalito. Volví a ver y allí, escondido entre las hojas y ramas, se divisaba la punta negra de su trompita. Me quedé como una hora sentado y afinando mis pensamientos ante la experiencia vivida. Ya el sol estaba a mitad de su despedida y decidí alejarme de ahí. Me erguí pensando hacerlo con cuidado, por cuanto me dio temorcillo de que el progenitor del “mordisqueón” anduviera por ahí y eso si que hubiera sido un clavo grande. De pie me extrañó ver como a unos dos metros de mis pies al visitante. Esta vez sus ojos mostraban agradecimiento y poco a poco fue acercándose, pasó por mis propios zapatos, dejó una gota de orines y lamió el agua. Luego movió su cuerpo y se echó cerca de mi. Les digo que estaba perplejo. El quería amistad con un humano y ese acto marcó la diferencia en la futura relación que tendría con Teto Tetito Tetón.
Costa Rica 25/1/08
el vocabulario es de español tico