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Testimonios

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Cuento: Los cinco frijoles

Había una vez cinco frijoles metidos dentro de su vaina. De pronto, un día sintieron una sacudida: era una mano que los aporreaba para arrancarlos y para meterlos en un saco junto con muchos más.

-Lo que yo quisiera saber ahora-dijo el más pequeño de los cinco-es cuál de nosotros desempeñará mejor trabajo en el mundo.

En eso se abrió el saco y los cinco frijoles salieron a la luz del día. Pero fueron a caer en manos de un niño travieso, a quien se le ocurrió que serían excelentes proyectiles para dispararlos soplando por uno de los extremos de un pedacito de caña.
Y, en efecto, el niño empezó a dispararlos uno tras otro. El primero en salir exclamó muy vanidoso cuando iba en el aire:“¡A ver quién me alcanza!”
El segundo se llenó de orgullo creyendo que llegaría hasta el mismo Sol. El tercero y el cuarto eran muy perezosos y sólo pensaron en caer pronto para ponerse a dormir. El último, que era el más humilde, dijo: “Que sea lo que Dios quiera”. Y fue a caer enun rendija de una ventana, donde encontró un poquito de tierra, y quedó allí escondido.

Aquella ventana daba a la habitación de una pobre mujer que vivía allí sola con su hija, quien desde hacía más de un año se hallaba enferma en cama, luchando entre la vida y la muerte.
Pasaron las semanas y la niña todavía estaba en cama. Un día, cuando su madre iba a salir, su hija le dijo:

-Mamá, ¿qué es esa cosa verde que se mueve en la ventana?

-¡Ah!, pues una mata de frijoles que ha nacido aquí y está llena de hojitas verdes-contestó la mujer y continúo diciendo: ¡Quién sabe cómo habrá venido a parar aquí! Ahora alégrate, hija mía. Esa mata será tu jardincito y te distraerá cuando te quedes sola en casa, mientras yo voy a trabajar.
Y diciendo esto, arrimó a la ventana la cama de su niña para que ésta pudiera ver bien el crecimiento de la mata.
Cuando regresó del trabajo en la tarde, su hija le dijo:

-Mamá, veo que la matita va bien. Y yo presiento que me pondré bien pronto.

-Dios lo quiera-contestó la madre, que no podía imaginar tanta dicha. Y diciendo esto, se fue a ver a la matita y le puso una caña para que le sirviera de apoyo y para que, a medida que fuera creciendo, pudiera trepar y enroscarse a su gusto.
A los pocos días, la mujer vio que la mata había echado capullos. Su hija ya conseguía sentarse en la cama para mirar cómo iba creciendo la pequeña mata.
Al cabo de una semana la niña pudo levantarse. Aquel mismo día la mata daba su primera flor, y la niña se puso muy contenta, se acercó a ella y la besó.

-¡Gracias, Señor, por este frijol y por hacer que nos (ayudara en ) la curación de mi hija!-exclamó su madre con alegría.1/
Entretanto, ¿qué pasó con los otros frijoles?
El primero, tan vanidoso, fue a caer en un gallinero. Allí fue descubierto por un gallo, y éste se lo comió en un santiamén.
El segundo, que era orgulloso y creyó que llegaría hasta el Sol, fue a parar a un charco lleno de barro. Allí estuvo por varias semanas cubierto de agua sucia hasta que se pudrió.
A los dos perezosos que no pensaban más que en dormir, tuvieron la misma suerte que el primero: fueron a parar al buche de una gallina.
Y el quinto frijol, que era el más humilde y resignado, fue el que tuvo más suerte. Todos los días aquella niña, juntando sus manos por encima de la mata, le daba gracias a Dios por habérsela enviado.

Fuente: Escuela para Todos. 2006.
1/El texto inicial dice: (...nos trajera la curación…)