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Testimonios

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EL TEMPLO DE JERUSALÉN

Cuando los israelitas, o sea los judíos, salieron de Egipto para dirigirse a la tierra que Dios les había prometido, caminaron años y años a través del desierto. Llevaban con ellos el Arca de la Alianza, que era como un cofre bellísimo de madera. El Arca fue construida por mandato de Dios y contenía las dos tablas de piedra en las que estaban grabados los 10 mandamientos que Dios le entregó a Moisés. Contenía además un vaso de oro con maná, o sea con pan del que Dios les reparó a los israelitas en el desierto y la vara del hermano de Moisés, que había florecido milagrosamente. Para los israelitas el Arca venía a ser como el trono de Dios y la evidencia de que El estaba presente.

El segundo rey de los israelitas, llamado David, conquistó la ciudad de Jerusalén y la escogió como su capital. Para que Dios también tuviera su trono en Jerusalén, llevó allá el Arca de la Alianza. Por esta razón los israelitas consideraban a Jerusalén como Ciudad Santa. El rey David quiso construir un gran templo para el Arca, pero murió sin poder cumplir su deseo. Fue su hijo, el rey Salomón, quien llevó a cabo la obra.

El templo era un edificio largo que se componía de tres partes. La primera, situada hacia el Este, era la parte de entrada. Ahí había un altar llamado de los Holocaustos, donde sacrificaban novillos, corderos, cabritos y palomas. Seguía luego la sala en donde se rendía culto a Dios. Allí había un altar de cedro cubierto de oro, donde se quemaba el incienso que se le ofrecía a Dios. A esta sala sólo podían entrar los sacerdotes. Por último estaba la parte más sagrada de todas, a la que se le decía “santo de los santos”. Ahí estaba el Arca de la Alianza, con dos ángeles de oro macizo en la tapa. Se dice que desde esa tapa Dios le hablaba a Moisés y le comunicaba sus órdenes cuando el pueblo cruzaba el desierto. En el “santo de los santos” únicamente podía entrar el sacerdote principal y sólo en el día de la fiesta de la expiación.

Todo el edificio se adornó con los materiales más finos que se pudieron conseguir, como por ejemplo mármol, madera de cedro, madera de olivo, madera de ciprés, telas ricamente bordadas y oro en abundancia. El templo llegó a ser uno de los edificios más bellos que se hayan construido jamás.

Como 600 años antes de nacer Jesucristo, un rey del imperio de Babilonia invadió la ciudad de Jerusalén con sus tropas, destruyó el templo y se llevó prisioneros a la mayor parte de los habitantes. Cuando al cabo de 50 años los israelitas pudieron regresar a su patria, en lo que primero pensaron fue en volver a construir el templo. Pero pasaron varios años antes de que pudieran hacerlo. El segundo templo fue levantado en el mismo lugar en que estuvo el primero, pero no era tan hermoso. Además quedó vacío el “santo de los santos”, porque el Arca de la Alianza se había perdido durante la guerra y la destrucción. Los trabajos del nuevo templo fueron dirigidos por Zorobabel, descendiente del rey David.

Ciento sesenta y ocho años antes de nacer Jesucristo, el templo fue saqueado de nuevo por las tropas de otro rey enemigo. Mucho tiempo después fue reconstruido por el rey Herodes el Grande, el mismo que mandó a degollar a los niños de Belén cuando supo que entre ellos estaba Jesús. Este es el templo que se menciona tantas veces en los Evangelios. Es el mismo en que fue presentado el Niño Jesús por sus padres. El mismo en que lo encontraron hablando con los sacerdotes cuando se les perdió. El mismo del que Jesucristo echó a los comerciantes que lo habían convertido en mercado. Y es el mismo templo del cual dijo Jesús que no quedaría piedra sobre piedra. Esta profecía se cumplió unos 37 años después de su muerte y resurrección, cuando los romanos destruyeron la ciudad de Jerusalén por haberse levantado los israelitas contra ellos.

Hoy en día lo único que queda del templo es una muralla, conocida como el Muro de los Lamentos.
Se cree que este muro es parte del templo construido por el rey Salomón. Como es una de las pocas reliquias que conservan de sus antepasados, se convirtió en un lugar sagrado para los judíos. Allí han acudido durante siglos con sus plegarias y lamentaciones en momentos difíciles.
En el lugar donde estuvo el Templo de Jerusalén los árabes construyeron una mezquita, o sea un templo de la religión mahometana.

Fuente: Almanaque Escuela Para Todos.