Temas de Bienestar
Psicología: 1. La timidez (parte I)
Todos hemos sentido timidez alguna vez en la vida.
RETRATO DE UN TIMIDO
Miran poco a la cara de los demás
Cuando hablan mantienen mayor separación física con su interlocutor
No buscan contactos con otras personas
Tienen un tono de voz más bajo y con menos modulación en las conversaciones.
Suelen gesticular menos
Pueden enrojecer, temblar, sudar, tartamudear, hacer tics, etc., en el encuentro con otras personas.
Manifiestan dificultad para hablar en público, entablar y cortar conversaciones, decir no y expresar lo que piensan.
Suelen sentirse incapacitados, y tienen miedo frente a nuevas situaciones.
Desde un niño hasta un adulto y brillante profesional, cualquier persona puede sufrir timidez en sus más diversas manifestaciones y por diferentes motivos. Este trastorno, que no es más que una dificultad para relacionarse con los demás, se vive a veces con un gran sufrimiento y en algunos casos puede abocar a una depresión. Sin embargo, el aprendizaje de ciertas habilidades sociales puede resultar un arma eficaz para vencerla.
Todos hemos sentido timidez ante diferentes situaciones de la vida. Este sentimiento puede provocar que a una persona le cueste enormemente asistir una entrevista de trabajo, que tiemble y tartamudee ante una cita con el sexo opuesto, que no pueda hablar en grupo sin sonrojarse, que no sea capaz de pronunciar un pequeño discurso en público sin perder los estribos o que no acuda ante el director general de su empresa sin sudor en las manos y sin tartamudear.
Comportarse con la misma naturalidad en todas las ocasiones es difícil, puesto que hay conductas que no se han aprendido nunca y que por ello mismo causan temor. La timidez surge en la interacción con otras personas y cuando no se han adquirido las habilidades sociales necesarias para relacionarse con los demás. Este desconocimiento provoca una ansiedad que se manifiesta con sonrojo, aumento de la excitación general, sudoración en las palmas de las manos y los pies, alteraciones del lenguaje (como tartamudeo), respiración acelerada, temblores y pensamientos negativos como por ejemplo pensar “qué mal lo he hecho” o “qué estarán pensando de mí”.
Los padres deben dar seguridad desde bebés a sus hijos
Un tímido no tiene por qué reunir necesariamente todas estas características. Puede haber personas que no presentan ninguna dificultad en sus relaciones personales y sociales, pero que tiemblan cuando se encuentran con alguien del sexo opuesto [ ..] que le atrae; hay también quienes se desenvuelven muy bien en sus relaciones cotidianas con los demás pero ante el hecho de pronunciarse en público, no pueden conciliar el sueño la noche anterior y pierden el dominio del idioma en el momento de expresarse.
Las personas que tienen muchas dificultades para relacionarse reciben escasas gratificaciones de sus interlocutores, ya que raramente el encuentro con un público que escucha, con el colega del trabajo o con un ligue, es abierto y comunicativo. De esta forma, la timidez, cuando no se ataja a tiempo puede facilitar la aparición de una depresión.
En los últimos años la sociedad ha sufrido cambios vertiginosos que exigen una capacidad de adaptación y la adopción de nuevas conductas que si no son aprendidas terminan generando una desadaptación. Todos los momentos de la evolución de la vida son importantes y si no se afrontan de una manera positiva se convierten en un problema pendiente del que siempre se está huyendo (comportamiento tímido).
Como el primer cambio que sufre el ser humano es la llegada al mundo, es importante que los padres acaricien a los bebés y hablen con ellos a fin de infundir seguridad en los pequeños, aspecto este que es básico para que adquiera autoestima. Igualmente, entre los progenitores la relación debe ser armónica y relajada, para que no produzca sobresaltos en el pequeño.
Dejar de ser tímido no es imposible
En las primeras relaciones del bebé con los demás pueden producirse gestos que él vive como negativos (un manotazo de otro niño, por ejemplo) y que dificultarán sus encuentros posteriores con otras personas. Pero es sobre todo en la edad preescolar (en torno a los cuatro años) al separarse por primera vez de sus padres, cuando el pequeño atraviesa uno de los momentos más críticos de su evolución personal.
En la adolescencia, además de las nuevas conductas que exige el crecimiento (los primeros contactos con el mundo de los adultos y el comienzo de las relaciones con el otro sexo) se producen una serie de cambios tanto fisiológicos como psicológicos. En este momento la comunicación con la familia, con los compañeros y amigos desempeña un papel fundamental pues es la ayuda para adquirir esas nuevas habilidades encaminadas a combatir la timidez.
Cuando se produce la independencia y el joven se incorpora al trabajo surge una nueva situación y un enfrentamiento con el mundo laboral y social. En este encuentro los éxitos y los fracasos suelen ser determinantes en el posterior comportamiento de la persona, de forma que un joven que hasta ahora no había tenido dificultades en su interacción con los demás puede adoptar actitudes de timidez si sus contactos con el mundo laboral no son muy positivos.
Dejar de ser tímido no es hoy ningún imposible. Por el contrario, las técnicas basadas en la terapia de modificación de conducta general y el entrenamiento en habilidades sociales en particular, obtienen muy buenos resultados en corto espacio de tiempo. Todo consiste en abandonar la pasividad y acudir a un terapeuta.
Continúa en II parte…..Hay que entrenarse..
Adaptado de: “Como vencer la timidez”. En: Diario Extra CR. 3 marzo/08. P20