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Reflexiones

EVA madre de la insatisfacción

A Eva la primera mujer existente y compañera de Adán se le puede llamar “Madre de la insatisfacción”. Ella tenía había sido bendecida con toda la perfección por un Creador amoroso. Tenía un cuerpo perfecto que no había sido perjudicado por enfermedad, deterioro ni muerte. No necesitaba ropa que la protegiera en un clima perfecto para la vida. La dieta perfecta estaba a su alrededor, esperando que la cortara. Sus días eran de puro deleite. Los animales no les tenían temor a los humanos y compartían en paz la riqueza del huerto del Edén. Eva no tenía por qué esconderse, no tenía por qué temer, no tenía por qué controlar, no tenía por qué pelear.

Nunca había conocido la soledad, pues Adán era su compañero y amante constante. Su unión era completa y carecía de complicaciones: eran uno. Ella era su socia, aun en el trabajo que proporcionaba propósito a su vida en común. Lo mejor de todo era que Eva conocía a su Creador de manera íntima, ya que junto con Adán se encontraba con él todos los días. Todo era perfecto y, sin embargo, Eva preguntaba…

Luego tomó una decisión: ¡Comería de ese fruto! De modo que aceptó la insinuación de la serpiente de que Dios le estaba ocultando algo. Nosotros-que aún vivimos las consecuencias-anhelamos gritar: “¡No! ¡Basta!” Y en esa crisis fundamental de todos los tiempos, Adán también decidió comer del fruto prohibido. La serpiente insertó una pequeña cuña de insatisfacción, que -excepto por la obra de Jesucristo-abrió un abismo de desesperación perpetua.

El amor perfecto que había impregnado el huerto ya no existían en el mundo caído; el cambio fue inmediato. Adán y Eva salieron corriendo a cubrir su vergüenza al hacaerse añicos su unidad con Dios y entre ellos. Demasiado tarde descubrieron que habían cambiado tesoros inestimables por promesas huecas.

Reflexión:

Tenga cuidado con la insatisfacción. Todos nos enfrentamos a la tentación de creer que en alguna parte existe algo mejor.
Cuando aceptamos esa idea, despreciamos al que nos da nuestra más profunda intimidad y seguridad. La vida sobre la tierra tiene fallas. No hay nada ni nadie aparte de Dios que pueda satisfacer el vacío doloroso en nuestro interior causado por la caída; solo el amor de Jesús puede cerrar la brecha entre lo que es y lo que debiera ser. Nunca podremos regresar al huerto. Pero los que creen en Jesús lo verán cara a cara en un lugar mejor que el Edén. ¿Acaso no anhela estar allí?

La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. (Génesis 3:6)

Fuente: Adaptado de NVI Biblia de Estudio. Mujeres de Fe. pp7.