Reflexiones
MEJOR LAS COSAS DEL CIELO
El hombre caminaba de un lado a otro, quebrando las rocas que encontraba y examinando cada una minuciosamente. Para un hombre como él, un anciano de 86 años de edad, el trabajo parecía tedioso. Sin embargo, la esperanza de encontrar lo que buscaba lo impulsaba a continuar su labor. ¿Qué hacía ese hombre en el sendero solitario de la montaña?
El estaba explotando su derecho minero, buscando pepitas de oro. Tanta era su ambición de encontrar apreciado metal que no tenía tiempo ni de ayudar a otros en necesidad.
Aunque él se encontraba entre los más adinerados de la comunidad, no se saciaba de buscar más riquezas. Cuando le recordaban que no podría llevar sus riquezas consigo después de la muerte, él respondía:
“En ese caso, no me muero”.
Lamentablemente, el ancianito trataba de hacer caso omiso del hecho de que todos somos de la muerte. Al tiempo, él murió, dejando atrás todo lo que había acumulado.
Así como ese hombre, muchos buscan su satisfacción en la fama, las riquezas, las drogas, el sexo, y muchas otras cosas terrenales. Satanás lanza la carnada, y les hace creer a muchos que la satisfacción se logra con un poquito más. Muchos caen en esa trampa porque es agradable a la carne. Pero cuán importante es responder al Espíritu de Dios cuando él nos indica que nuestro corazón se ha desviado. Debemos arrepentirnos de nuestro pecado, y darle a él la libertad de ser Señor de nuestra vida.
Una vez en vida nueva, pondremos la mirada en las cosas de arriba (Colosenses 3:1) y buscaremos primeramente el reino de Dios (Mateo 6:33).
Buscaremos las riquezas de la Palabra de Dios. Procuraremos con diligencia obedecer lo que ella nos enseña. Nos uniremos con el pueblo de Dios para gozar de la comunión con hermanos espirituales. Será un gozo descubrir las pepitas doradas de la verdad que se encuentran en la Biblia. Y la anticipación y esperanza de nuestro galardón en el cielo nos impulsarán a perseverar. Compartiremos con otros, así depositando muchas pepitas, no de oro, sino de verdad, en nuestra cuenta en el cielo por compartirlas con otros.
¿Estás acumulando tus tesoros en el cielo?
Adaptado de: La Antorcha de la Verdad. Vol. 24, núm. 3, pág.16