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Reflexiones

NO LLEGARON A TIEMPO

El tren Número Uno transitaba a una velocidad espantosa. Sólo le faltaba una curva para llegar a la estación. Allí , como de costumbre, se encontraría con el tren Número Dos, que viajaba en la dirección contraria. En la estación, el Número Dos esperaba a que el Número Uno pasara. Pero ese día, el conductor del Número Uno se había atrasado unos minutos. Ya había llegado la hora de partida del Número Dos. Por otra parte, el maquinista del Número Uno creyó que con la velocidad que llevaba, llegaría justo antes de que el otro saliera.
Pero no fue así. Los dos trenes se encontraron en la curva. Hubo un gran chillido, un impacto estruendoso, y cincuenta almas fueron lanzadas a la eternidad. Todo esto, porque el conductor se había atrasado unos minutos.

Rugía una gran batalla. Durante ocho horas, columna tras columna de soldados había atacado a los soldados que estaban atrincherados a lo largo de una colina. Faltaba poco para la puesta del sol. Mientras tanto, seguían defendiendo la colina.
El conquistador luchaba contra los soldados atrincherados pero no podía conquistarlos. Necesitaba refuerzos que había pedido. Si éstos llegaban a tiempo, todo saldría bien.
Confiado en que los refuerzos llegarían a tiempo, el conquistador reunió sus reservas, formó una columna y dio la orden de atacar. Pero ¿cuál fue el resultado? Grouchy, el capitán de los refuerzos no llegó a tiempo. La guardia imperial fue vencida, y se perdió la batalla de Waterloo. Napoleón murió como prisionero en Santa Elena porque uno de sus oficiales se atrasó.

Llevaban al hombre condenado a la horca. Se le acusaba de homicidio. Pero miles de personas sabían que aquel hombre era inocente, y habían firmado una petición de libertad. La noche anterior, esperaron en vano una respuesta afirmativa del gobernador. El alcalde creyó que el indulto llegaría aún durante el transcurso de la mañana. Pero el tiempo pasó, y no llegó la noticia.
Llegó el momento señalado. El sentenciado fue llevado a la horca. Le pusieron la capucha sobre la cabeza y tiraron del perno. En seguida, el cuerpo quedó colgando, oscilando en el aire.
En ese momento apareció el mensajero a caballo. Había corrido a todo dar para llegar a tiempo. Con desesperación le gritaba a la multitud y le hacía señas para que detuvieran la ejecución. En la mano traía la carta que perdonaba al reo. Pero llegó tarde. Un hombre inocente murió porque el mensajero se había atrasado.

En la vida, continuamente vemos casos semejantes. Los mejores planes, asuntos muy importantes, la suerte de individuos, el honor, la felicidad, y la vida misma se pierden porque alguien no cumple su deber a tiempo. Hay personas que fracasan en sus esfuerzos sencillamente porque no hacen lo necesario a tiempo.
Lo más triste es que muchos mueren sin esperanza de entrar en el cielo, porque no se arrepintieron, ni buscaron a Dios a tiempo.

¿Qué tal usted, amigo?

Fuente: Revista La Antorcha de la Verdad. Vol. 24, número 3. Pág. 9,10 ( a su vez fue tomado de: McGuffy’s Reader).